Hay momentos en la vida
en los que extrañas tanto a algunas personas,
que quisieras sacarlas de tus sueños
“Amando mucho viviríamos un poco más después de muertos. Yo puedo asegurar que mi padre o mi madre viven en mí, la mitad de las cosas que yo hago son “suyas”, aunque sus manos sean hoy polvo, y los grandes escritores siguen viviendo hoy entre nosotros cada vez que los leemos. Y ahora, mientras Beethoven suena en mi cadena musical, ¿quién negaría que él vive en su música y en mí?
Es como en los trasplantes: el muerto que dona su corazón o sus riñones, sigue latiendo y purificando la sangre en el trasplantado. Es decir: sigue viviendo en alguien.
Así todo acto de amor, toda obra bien hecha y perdurable es un trasplante de alma cedida a un desconocido, pero que vive con ella y de ella.
Son pequeñas resurrecciones, lo sé. Pero, ¿por qué no conseguir esas pequeñas resurrecciones que son las que tenemos en nuestra mano?"
José Luis Martín Descalzo
Es día de silencio para saber despojarnos del ruido que cada uno de nosotros llevamos dentro, para volver a descubrir lo mucho que hemos hablado y que se ha hablado en el mundo y se ha quedado todo en palabras, palabras que el viento se ha llevado. La Cruz, sin embargo, sigue enhiesta, desafiando a los vientos y a las tempestades, elevándose hasta el cielo, como esperando un milagro. El milagro que haga brotar la Pascua, y nos indique una vez más que el Señor pasó, pasa y seguirá pasando por las vidas y las historias de las personas y de los pueblos, porque vuelve a vivir, porque sigue vivo, porque seguirá viviendo.
Silencio. Silencio profundo, escuchándonos a nosotros mismos y recordando aquello que nos dice Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. Un buen resumen para interiorizarlo y descubrirlo vivo en nosotros. Nos capacitará para la esperada resurrección. Y que ese silencio sea como el viento, que lleve a todas partes el rumor que hace Dios cuando pasa por el mundo.
Fuente: María Consuelo Mas y Armando Quintana
El sufrimiento hace parte de nuestra vida.
Todos los días navegamos entre rosas y espinas.
Entre alegrías y dolores.
No llegamos al
Domingo de Resurección
sino a través del Viernes Santo.
No triunfamos sin pagar el precio
del entrenamiento.
No se ríe sin llorar un poco.
Esa es la dinámica de la vida.
Cuando falleciò Claudio, estaba mucho tiempo
observando a nuestras hijas,
Tratando de adivinar que pasarìa por sus cabecitas
Cometì el error de no dejarlas
que me vean llorar y ya de grandes me conversaban
que justamente eso
les extrañaba…que no llore su mamà.-
De acuerdo a la edad de cada una
y al lazo afectivo que alcanzaron
a formar con su papà se marcó el propio sentimiento
de dolor en cada una.
Algo que yo desconocìa,
por no haberlo vivido anteriormente,
es que la rabia
que sentìan, la impotencia y el no entender,
a veces lo manifestaban
con actitudes negativas hacia mì.-
Contestaciones,
indiferencia, las clàsicas
frases de ¿por què èl y no vos ?....
muy duro.
Y después aprendì que tal vez yo era su roca
en el medio de la tempestad.
Ellas sabìan que las amaba y pase lo que pase,
siempre estarìa allì.
Equivocada o no, siempre allì.
Hubieron épocas de mucho apego fìsico
o sentimental,
como si en el fondo
no quisieran crecer.
Y hubieron de los otros.
Es real el sentimiento de culpa
por continuar viviendo,
a veces
bien manejada del duelo.
Las miraba cuando iba a buscarlas al colegio,
cuando tenìamos esas salidas
de a seis, al campo, a la rìa, paseando en el auto,
comiendo helados….y
me seguia preguntando que pensarìan mis niñas.
Lo màs cercano que
habìan tenido a la muerte, habìa sido una mascota.
Y sabìa cuanto les habìa afectado,
con màs razòn a las mayores.
Y aunque no se expresaban como los adultos,
tampoco yo
exteriorizaba mucho enfrente de ellas.
Una de mis mayores preocupaciones entre tantas
era tratar de descubrir
tarea difícil,
donde no hay que desaprovechar ninguna señal
en el intento.
Que no me vean llorar.
Y explicarles de mil maneras distintas que habìa pasado.
Los juegos, las conversacioneas entre ellas,
eran una marca a tener en cuenta.
O los dibujos.
Tampoco las llevè al cementerio.
Ellas se quedaron con el recuerdo
de un papà sonriente y divertido.
Eso es una de las cosas màs difíciles a determinar.
Si a los chicos los llevamos o no al velatorio,
si le dan un beso al cuerpo
frìo de quien fue su padre….
y hasta que punto esa imàgen
puede ser una
y negativa en la formación de sus vidas.
Yo no lo dudè, mis hijas no lo vieron.
También tuvo que ver el no querer
exponerlas a la gente
y todo lo que me rodeaba en ese momento.
Los hijos son esponjas
y reciben todas nuestras emociones y
lo que estamos viviendo.
Por eso, adecuado a la edad que tengan,
hay que hablarles claro, con ternura,
pero con la seguridad de
que la situación no vuelve atràs.
Pienso que las mentiras solo les
da inseguridad y expectativas respecto
a situaciones que no volveràn.
Yo tengo mis años recorridos.
Como en la vida de todos,
han pasado dificultades y dolores.
Pero si tengo que decir cual fue el momento
màs difícil, más cruento,
no
cuando mis hijas no querìan dormirse y me
fueron a buscar a la sala velatoria.
La mayor tenìa 9 años. La menor 2
Y me rodearon con preguntas y en
cada respuesta que yo trataba de hilvanar
venìa una nueva pregunta.
Nunca me olvidarè de ese dìa.
Gracias a Dios, encontrè en algún rincón
de mi corazòn , la fuerza y claridad para hablarles.
Su papà ya no volverìa nunca màs.
Se los tenìa que explicar a ellas.
Pero no tenìa a quien me pudiera explicar
a mì lo que estaba pasando.
Desde aquel dìa, muchas veces he vivido
pensando que Çlaudio nos
escuchaba, que en cierta manera tenìa
que seguir con lo que
habìamos programado juntos para
el futuro de nuestras hijas,
eso me hacìa sentir màs segura,
Y aunque algunas personas de mi entorno
me repetìan que estaba mal,
que tenìa que cambiar,
me apoyè en esa idea durante mucho tiempo.
Y pienso que eso fue lo que màs
me ayudò durante tantos años.
Si estàs leyendo este blog, es por que alguna pèrdida
importante has tenido en tu vida afectiva,
Y como me pasò con mis hijas, hoy repito lo mismo,
no tengo todas las respuestas.
Ni la mitad.
Sigo extrañando la vida familiar que construìmos juntos,
pienso
que clase de padre, de abuelo, de pareja.
Y lo positivo es que recordarlo es sonreìrme.
Con nostalgia en algunos momentos,
con dolor a veces,
pero en todo momento con el corazòn agradecido
por haber sido
parte de su vida, por nuestras hijas y los nietos.
Si de alguna manera
consideras que puede servirte responderme,
contar tu historia, aquì estamos.
Para ayudarnos
entre todos a superar las pèrdidas y tratar
de sobrellevar la vida con esas ausencias.
Soy una convencida que uno no se olvida nunca.
La aceptaciòn comienza cuando se aprende a vivir
con esas ausencias y seguir adelante,
tan sencillo de escribirlo y
tan difìcil en la vida diaria.
La vida continua.
Eso nos dicen todos.
Y aunque
nos enojemos en el momento, tienen
razòn, la vida continua.
Con los recuerdos. Las nostalgias.
Los hijos. Las ausencias.
,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,
La vida continùa.
Un abrazo
Cad
Festejar, a pesar de todo.
Así reza el precepto popular
del que se nutren quienes, aún sufriendo por
la ausencia de un ser querido, deciden pasar
la Navidad o el Año Nuevo obstruyendo el dolor.
Disimulando, intentando mostrarse frente
al mundo como si nada hubiera pasado
De Poldy Bird
y tù ¿què pides cuando rezas?
A veces rezo para que la angustia que tengo en el medio del pecho se corra hasta mis manos y se escape por la punta de mis dedos.
Es cuando tengo miedo.
Es cuando me imagino cómo era el mundo hace treinta años y veo chicos jugando a la rayuela en la vereda, autos menos veloces, sobremesas más largas en los restaurantes, gente que camina con agradable ritmo y conversa entre sí.
En la televisión y en los diarios no son todas malas noticias, los muchachos bailan con las chicas y las tías habilidosas bordan punto smoke para los vestiditos de las nenas.
Lo imagino tan vívidamente, que hasta siento el olor de los cercos con madreselvas, por ahí, por los barrios.
¿Qué pedía en ese tiempo, cuando rezaba?
Pedía que todos los que amaba vivieran muchos años sanos y felices.
Que no faltara el trabajo.
Que no fabricaran jamás robots en serie para suplantar a las personas en sus tareas.
Que todos los feriados cayeran en viernes.
Pedía una casa con un jardín, o un departamento con patio en planta baja, con una parrilla para los asados. Y una mesa enorme para poder invitar a los amigos: a Kevin y a Blasi, a José y Juan Manuel, que nunca se rindieron, que pelearon por los sueños y las alas como otros luchan por quedarse con las cajas fuertes. Recitábamos a Whitman y a Vallejo, a Neruda y a Becquer, algo de Baldomero, de Carriego, de la Juana de Ibarbourou, unas estrofas de Manrique, de Sor Juana, de Guillén, de Manuel del Cabral... Uno empezaba y los otros seguíamos, y llegaban Ana y Roberto, Susana, Ana María...
No se sacaban tantas fotos. No había una cámara en cada casa. Y lo que sucedió quedó pintado aquí, en la memoria del corazón, y uno puede cambiar de ropa y de lugar a los protagonistas.
A veces rezo para darle gracias a Dios por las cosas pequeñas.
Porque no paso frío de noche en el invierno.
Porque algunos viven.
Porque estoy terminando el siglo.
Porque casi todos los árboles que planté están de pie.
Porque la radioactividad no acabó con los jazmines ni con las violetas ni con los colibríes ni con los choclos de dorados granos ni con las temblorosas mariposas.
Y también le agradezco las cosas importantes y sagradas: la familia que entrechoca sus copas en Nochebuena, y amo más que a nada en el mundo. Y siento que me ama.
Y le agradezco que me haya dado la palabra que emociona, la palabra que disuelve en el aire la pena agonizante, la palabra que vuela, la palabra que cura, la palabra que inventa otras palabras para embellecer el universo...
El me dio las palabras y yo las he cuidado, las he ordenado, las he trasvasado de mi alma a mi corazón y de mi corazón a mi mente y de mi mente al papel, sin traicionarlas.
Le pido, cuando rezo, que no deje de dictarme lo que quiere que yo escriba.
Que me vuelva amnésica para la desesperación y los recuerdos penosos.
Que me saque el cansancio.
Que encuentre la receta de los scons de mi abuela, y un compañero amante para seguir andando.
Y que no se corte la electricidad a las tres de la madrugada mientras miro televisión.
Y que repitan "Amarcord", "Casablanca", "Muerte en Venecia", "Días de radio"...
Y tú, ¿qué pides cuando rezas?
De: Poldy Bird
Argentina
1. Celebre la navidad en noviembre, por ejemplo, y pase el mes de diciembre tranquilo.
2. No comunique su cumpleaños.
3. En fechas especiales (fecha del diagnóstico, de la cirugía, del accidente, etc.) quédese solo o con alguien que no conozca nada de usted.
4. Retire adornos alusivos a fiestas.
5. Prepare una comida especial, no usual.
6. Invite a la familia del fallecido.
7. Envíe postales y tarjetas aunque no espere ninguna respuesta.
8. Cante villancicos.
9. Adorne diferente su casa o vaya a otra casa esta vez.
10. Vaya a la iglesia/templo/sinagoga con alguien y no solo.
11. Permanezca activo y haga deporte de grupo.
12. Encuentre a alguien con quien pasar las fiestas.
13. Haga algo por usted mismo.