domingo, mayo 25

Hay momentos en la vida

en los que extrañas tanto a algunas personas,

que quisieras sacarlas de tus sueños

y envolverlas en un abrazo.

jueves, mayo 8

AUTOAYUDA PARA EL DUELO

Afrontar la muerte de un ser querido es uno de los escollos más terribles que tenemos que superar en nuestra vida. Pero siempre es posible encontrar nuevamente el sentido a nuestra existencia, y seguir adelante. La autoayuda puede ser muy positiva para afrontar estos duelos.
En esos momentos en los cuales todas las palabras sobran, también es posible comenzar a hallar el camino para regresar a la vida, para volver a disfrutar del sol por las mañanas, para reencontrar el sentido a nuestros días. Cuando perdemos un ser querido el duelo nos ciega, y pensamos que ya nada será igual.

La autoayuda puede ayudarnos a comprender que aunque el dolor nos acompañará hasta que nos reencontremos con ese ser en la eternidad, también aquí sigue la vida y debemos encararla con la misma fuerza de antes. Es lo que seguramente desearía ese ser que perdimos y que tanto amábamos.

Lo más importante para superar el duelo por muerte, en primer término, es eliminar los sentimientos de culpa. Cuando perdemos una persona querida sentimos que han quedado miles de cosas pendientes por decir o hacer, que no le hemos dicho suficientemente cuanto la queríamos o que hemos quedado en deuda con ella.

El trabajo en grupos de autoayuda, donde muchas personas que atraviesan esta difícil situación cuentan sus experiencias, hallando muchas coincidencias en los sentimientos, puede ayudarnos a sobrellevar esa culpa y a entender que nosotros no somos los culpables de esta lamentable muerte.

Este sentimiento suele agudizarse en los casos más complicados de duelo, por ejemplo ante la pérdida de un hijo o ante un suicidio de un familiar. La muerte súbita es también otra situación de extrema complejidad, porque no puede hallarse ninguna razón lógica para la muerte de alguien que gozaba, por lo menos en apariencia, de un perfecto estado de salud.

Algunos de los sentimientos negativos que podremos superar con técnicas de autoayuda aplicadas al duelo por muerte son la venganza (sobretodo en asesinatos), la ya mencionada culpa y la violencia aplicada contra otras personas inocentes, a quienes en ocasiones el individuo que soporta el duelo responsabiliza de la muerte del ser querido, por ejemplo cuando uno de los padres culpa al otro por la muerte de un hijo.

Ninguno de estos sentimientos nocivos nos ayudarán a construir nada positivo para el futuro. Muy por el contrario, nos hundirán en un mar de dolor que terminará por ahogarnos. Compartir experiencias con otras personas en situación similar, en cambio, nos permitirá comenzar a encontrar esa pequeña luz de esperanza en el fondo del camino.
(Pablo Javier Piacente)

domingo, marzo 23

PEQUEÑAS RESURRECCIONES

“Amando mucho viviríamos un poco más después de muertos. Yo puedo asegurar que mi padre o mi madre viven en mí, la mitad de las cosas que yo hago son “suyas”, aunque sus manos sean hoy polvo, y los grandes escritores siguen viviendo hoy entre nosotros cada vez que los leemos. Y ahora, mientras Beethoven suena en mi cadena musical, ¿quién negaría que él vive en su música y en mí?

Es como en los trasplantes: el muerto que dona su corazón o sus riñones, sigue latiendo y purificando la sangre en el trasplantado. Es decir: sigue viviendo en alguien.

Así todo acto de amor, toda obra bien hecha y perdurable es un trasplante de alma cedida a un desconocido, pero que vive con ella y de ella.

Son pequeñas resurrecciones, lo sé. Pero, ¿por qué no conseguir esas pequeñas resurrecciones que son las que tenemos en nuestra mano?"

José Luis Martín Descalzo

sábado, marzo 22

Día de silencio

Día de silencio y de luto. De espera y de contemplación. De tanto silencio que ni siquiera hay un texto evangélico señalado oficialmente para el día de hoy. Es el silencio del dolor cuando uno pierde a alguien querido. Pero es también el silencio del que sabe contemplar y, repasando la historia del ser querido, descubrir que ha sido una vida útil, que ha pasado por el mundo haciendo el bien, y que ese bien perdura por los siglos y nos ha llegado a nosotros produciendo paz, amor, buen espíritu y generosidad.

Es día de silencio para saber despojarnos del ruido que cada uno de nosotros llevamos dentro, para volver a descubrir lo mucho que hemos hablado y que se ha hablado en el mundo y se ha quedado todo en palabras, palabras que el viento se ha llevado. La Cruz, sin embargo, sigue enhiesta, desafiando a los vientos y a las tempestades, elevándose hasta el cielo, como esperando un milagro. El milagro que haga brotar la Pascua, y nos indique una vez más que el Señor pasó, pasa y seguirá pasando por las vidas y las historias de las personas y de los pueblos, porque vuelve a vivir, porque sigue vivo, porque seguirá viviendo.

Silencio. Silencio profundo, escuchándonos a nosotros mismos y recordando aquello que nos dice Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. Un buen resumen para interiorizarlo y descubrirlo vivo en nosotros. Nos capacitará para la esperada resurrección. Y que ese silencio sea como el viento, que lleve a todas partes el rumor que hace Dios cuando pasa por el mundo.

Fuente: María Consuelo Mas y Armando Quintana

http://buscandolaluz.zoomblog.com/

viernes, marzo 21

PASCUAS

El sufrimiento hace parte de nuestra vida.

Todos los días navegamos entre rosas y espinas.

Entre alegrías y dolores.

No llegamos al

Domingo de Resurección

sino a través del Viernes Santo.

No triunfamos sin pagar el precio

del entrenamiento.

No se ríe sin llorar un poco.

Esa es la dinámica de la vida.

Minutos de Sabiduría

lunes, febrero 18

La vida continùa

Cuando falleciò Claudio, estaba mucho tiempo

observando a nuestras hijas,

Tratando de adivinar que pasarìa por sus cabecitas

Cometì el error de no dejarlas

que me vean llorar y ya de grandes me conversaban

que justamente eso

les extrañaba…que no llore su mamà.-

De acuerdo a la edad de cada una

y al lazo afectivo que alcanzaron

a formar con su papà se marcó el propio sentimiento

de dolor en cada una.

Algo que yo desconocìa,

por no haberlo vivido anteriormente,

es que la rabia

que sentìan, la impotencia y el no entender,

a veces lo manifestaban

con actitudes negativas hacia mì.-

Contestaciones,

indiferencia, las clàsicas

frases de ¿por què èl y no vos ?....

muy duro.

Y después aprendì que tal vez yo era su roca

en el medio de la tempestad.

Ellas sabìan que las amaba y pase lo que pase,

siempre estarìa allì.

Equivocada o no, siempre allì.

Hubieron épocas de mucho apego fìsico

o sentimental,

como si en el fondo

no quisieran crecer.

Y hubieron de los otros.

Es real el sentimiento de culpa

por continuar viviendo,

a veces se hace carne y no permite una evolución

bien manejada del duelo.

Las miraba cuando iba a buscarlas al colegio,

cuando tenìamos esas salidas

de a seis, al campo, a la rìa, paseando en el auto,

comiendo helados….y

me seguia preguntando que pensarìan mis niñas.

Lo màs cercano que

habìan tenido a la muerte, habìa sido una mascota.

Y sabìa cuanto les habìa afectado,

con màs razòn a las mayores.

Y aunque no se expresaban como los adultos,

tampoco yo

exteriorizaba mucho enfrente de ellas.

Una de mis mayores preocupaciones entre tantas

era tratar de descubrir que pensaban,

tarea difícil,

donde no hay que desaprovechar ninguna señal

en el intento.

Que no me vean llorar.

Y explicarles de mil maneras distintas que habìa pasado.

Los juegos, las conversacioneas entre ellas,

eran una marca a tener en cuenta.

O los dibujos.

Tampoco las llevè al cementerio.

Ellas se quedaron con el recuerdo

de un papà sonriente y divertido.

Eso es una de las cosas màs difíciles a determinar.

Si a los chicos los llevamos o no al velatorio,

si le dan un beso al cuerpo

frìo de quien fue su padre….

y hasta que punto esa imàgen

puede ser una marca indestructible

y negativa en la formación de sus vidas.

Yo no lo dudè, mis hijas no lo vieron.

También tuvo que ver el no querer

exponerlas a la gente

y todo lo que me rodeaba en ese momento.

Los hijos son esponjas

y reciben todas nuestras emociones y

lo que estamos viviendo.

Por eso, adecuado a la edad que tengan,

hay que hablarles claro, con ternura,

pero con la seguridad de

que la situación no vuelve atràs.

Pienso que las mentiras solo les

da inseguridad y expectativas respecto

a situaciones que no volveràn.

Yo tengo mis años recorridos.

Como en la vida de todos,

han pasado dificultades y dolores.

Pero si tengo que decir cual fue el momento

màs difícil, más cruento,

no dudo en recordar aquel dìa,

cuando mis hijas no querìan dormirse y me

fueron a buscar a la sala velatoria.

La mayor tenìa 9 años. La menor 2

Y me rodearon con preguntas y en

cada respuesta que yo trataba de hilvanar

venìa una nueva pregunta.

Nunca me olvidarè de ese dìa.

Gracias a Dios, encontrè en algún rincón

de mi corazòn , la fuerza y claridad para hablarles.

Su papà ya no volverìa nunca màs.

Se los tenìa que explicar a ellas.


Pero no tenìa a quien me pudiera explicar

a mì lo que estaba pasando.


Desde aquel dìa, muchas veces he vivido

pensando que Çlaudio nos

escuchaba, que en cierta manera tenìa

que seguir con lo que

habìamos programado juntos para

el futuro de nuestras hijas,

eso me hacìa sentir màs segura,

Y aunque algunas personas de mi entorno

me repetìan que estaba mal,

que tenìa que cambiar,

me apoyè en esa idea durante mucho tiempo.

Y pienso que eso fue lo que màs

me ayudò durante tantos años.


Si estàs leyendo este blog, es por que alguna pèrdida

importante has tenido en tu vida afectiva,

Y como me pasò con mis hijas, hoy repito lo mismo,

no tengo todas las respuestas.

Ni la mitad.

Sigo extrañando la vida familiar que construìmos juntos,

pienso como serìa ahora,

que clase de padre, de abuelo, de pareja.

Y lo positivo es que recordarlo es sonreìrme.

Con nostalgia en algunos momentos,

con dolor a veces,

pero en todo momento con el corazòn agradecido

por haber sido

parte de su vida, por nuestras hijas y los nietos.

Si de alguna manera

consideras que puede servirte responderme,

contar tu historia, aquì estamos.

Para ayudarnos

entre todos a superar las pèrdidas y tratar

de sobrellevar la vida con esas ausencias.

Soy una convencida que uno no se olvida nunca.

La aceptaciòn comienza cuando se aprende a vivir

con esas ausencias y seguir adelante,

tan sencillo de escribirlo y

tan difìcil en la vida diaria.

La vida continua.

Eso nos dicen todos.

Y aunque

nos enojemos en el momento, tienen

razòn, la vida continua.

Con los recuerdos. Las nostalgias.

Los hijos. Las ausencias.

,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,

La vida continùa.

Un abrazo

Cad

miércoles, febrero 13

NO SENTIR

Ojos cerrados.
Separando
la realidad absoluta.
No ver. No sentir.
Caminar en silencio.
Despaciosamente,
Y en el fluir de la vida
otros pasos desconocidos.
Distintos caminos
Indiferencia,
Despertar cada mañana.
Y perder la mirada.
Ver hacia adentro
los sueños, las ideas.
No hay presente.
Respirar el aire tibio
La puerta abierta
El viento
en las ramas verdes
El sonido desparejo
de un auto,
El timbre insistente
Apretar las manos
con fuerza,
Hasta sentir el dolor
solitario.
Sin frases. Sin afectos.

Esperar lo no esperado
Ojos cerrados.
No ver.
No sentir.


Mònica Figueroa
Derechos Reservados
Año 2000

sábado, diciembre 29

Consejos para momentos difíciles



Anticiparse: tener claro que esta vez las fiestas serán diferentes. Anticiparse haciendo una lista: dónde se festejarán y con quiénes. Incluir qué rituales se evitarán, respetarán o eliminarán.

Sentimientos: sea leal a los sentimientos que aparezcan, y comuníqueselos a las personas con las que compartirá las fiestas. Lo más importante es no aislarse.

Conexión: evitar acciones extravagantes pensando que así se olvidará el dolor. Conectarse con el placer, pero con cosas que se tienen a mano (bailar, escuchar música). Si se es religioso, conectarse con la fe.
No temer pedir un abrazo o una caricia.


Sin culpa: disfrutar de las fiestas si se puede, pero si no es posible no sentirse culpable por ello.

Tolerancia: ser tolerante con el propio humor, teniendo en cuenta que la ausencia de un ser querido agota emocional, espiritual y físicamente.

Eventos: no participar de eventos estresantes.

Cómo pasar las fiestas sin un ser querido-Por Valeria Shapira


Festejar, a pesar de todo.

Así reza el precepto popular
del que se nutren quienes, aún sufriendo por
la ausencia de un ser querido, deciden pasar
la Navidad o el Año Nuevo obstruyendo el dolor.

Disimulando, intentando mostrarse frente
al mundo como si nada hubiera pasado

Un brusco cambio en la modalidad del festejo
(como un crucero por el Caribe), una borrachera
o la tentación de tomar una pastilla para dormir
y despertarse cuando las fiestas hayan terminado
son algunas de las opciones
con las que algunos deciden atravesar los días
festivos luego de una pérdida.
Sin embargo, a la mayoría le resulta pràcticamente
imposible hallar paz y tranquilidad
en la celebración echando mano de ese tipo de
estrategias que, finalmente, sólo consiguen
acentuar el sufrimiento.
Es que, aun sin parecerlo, los cambios bruscos
o la negación alejan a las personas de una
oportunidad más saludable:
la de lograr un vínculo diferente
con el ser ausente, de recordarlo con afecto y,
sobre todo, de sentir y hasta disfrutar de las
fiestas en la medida de las propias posibilidades.
"Hay muchos momentos especiales difíciles de
transitar cuando se ha perdido físicamente a
un ser querido (cumpleaños, aniversarios).
Pero las fiestas de fin de año son universales,
y por eso la tentación de los mitos festivos
(celebrar, a pesar de todo) es más fuerte que
en otras ocasiones -explica la licenciada Silvia
Alper, codirectora del Centro Especializado
en Terapia de Pérdidas (Cetepe)-.
Sin embargo, lo importante no es sortear
ni evitar el dolor sino anticiparse a él,
reconocerlo y -sin pretender que todo sea
como antes- encontrar el propio camino
de confort para pasar las fiestas."

Pérdidas irreparables
Una de las particularidades de las fiestas de
fin de año es que generan un estrés adicional:
"Son fechas que, además de ser universales,
se relacionan con temas como reunión, familia
y alegría. Sin embargo, la persona que ha
sufrido una pérdida física irreparable nunca
está imbuida de alegría. Por eso se siente
rara, a veces incomprendida, y le resulta
difícil insertarse en una reunión que
convoca a la familia", agrega la licenciada
Diana Liberman, codirectora del mencionado
centro.
Los días especiales actualizan los sentimientos
relacionados con la pérdida. Existe, inclusive,
una aflicción anticipatoria: duelen el alma
y el cuerpo, y muchos sufren de insomnio,
ansiedad, falta de energía, tristeza o
trastornos del apetito.
En los casos de viudez, por ejemplo, la ausencia
física de la pareja en la mesa de fin de año
no ha sido elegida.
Esto despierta bronca, impotencia y tristeza.
Lo que era ya no es más -afirman las especialistas-.
En este contexto, pretender que todo sea como
antes puede resultar frustrante."
¿Cómo pasar entonces las fiestas, cuando la
persona amada ya no regresará físicamente para
compartirlas?
La respuesta no es tan universal como l
os festejos.
Primero, porque cada humano es un mundo.
Segundo, porque al menos llegar a una respuesta
parcial implica sortear un gran escollo:
la promoción, por parte de la sociedad occidental,
de la negación
del sufrimiento en pos del disfrute rápido
sustentado en modelos poco reales, como los
de las clásicas viudas alegres.
Contra estos conceptos, "resulta indispensable
planificar las fiestas de antemano, buscar apoyo,
realizar actividades placenteras en los días
previos.
y sobre todo, no aislarse -dice la licenciada
Liberman-
Por otra parte, resulta de gran alivio agradecer
aquellas cosas que nos dejaron los que ya no están,
y también

dar las gracias a los que sí pasarán las fiestas
con nosotros haciéndonos compañía.
Una buena manera es escribir los mensajes"
.Por Valeria Shapira
De la Redacción de LA NACION

viernes, diciembre 28

AÑO NUEVO....LOS SALUDO CON AFECTO.

De Poldy Bird

y tù ¿què pides cuando rezas?


A veces rezo para que la angustia que tengo en el medio del pecho se corra hasta mis manos y se escape por la punta de mis dedos.

Es cuando tengo miedo.

Es cuando me imagino cómo era el mundo hace treinta años y veo chicos jugando a la rayue­la en la vereda, autos menos veloces, sobremesas más largas en los restaurantes, gente que camina con agradable ritmo y conversa entre sí.

En la televisión y en los diarios no son todas malas noticias, los muchachos bailan con las chi­cas y las tías habilidosas bordan punto smoke para los vestiditos de las nenas.

Lo imagino tan vívidamente, que hasta siento el olor de los cercos con madreselvas, por ahí, por los barrios.

¿Qué pedía en ese tiempo, cuando rezaba?

Pedía que todos los que amaba vivieran muchos años sanos y felices.

Que no faltara el trabajo.

Que no fabricaran jamás robots en serie para suplantar a las personas en sus tareas.

Que todos los feriados cayeran en viernes.

Pedía una casa con un jardín, o un departamento con patio en planta baja, con una parrilla para los asados. Y una mesa enorme para poder invitar a los amigos: a Kevin y a Blasi, a José y Juan Manuel, que nunca se rindieron, que pelearon por los sueños y las alas como otros luchan por quedarse con las cajas fuertes. Recitábamos a Whitman y a Vallejo, a Neruda y a Becquer, algo de Baldomero, de Carriego, de la Juana de Ibarbourou, unas estrofas de Manrique, de Sor Juana, de Guillén, de Manuel del Cabral... Uno empezaba y los otros seguíamos, y llegaban Ana y Roberto, Susana, Ana María...

No se sacaban tantas fotos. No había una cáma­ra en cada casa. Y lo que sucedió quedó pintado aquí, en la memoria del corazón, y uno puede cambiar de ropa y de lugar a los protagonistas.

A veces rezo para darle gracias a Dios por las cosas pequeñas.

Porque no paso frío de noche en el invierno.

Porque algunos viven.

Porque estoy terminando el siglo.

Porque casi todos los árboles que planté están de pie.

Porque la radioactividad no acabó con los jaz­mines ni con las violetas ni con los colibríes ni con los choclos de dorados granos ni con las tem­blorosas mariposas.

Y también le agradezco las cosas importantes y sagradas: la familia que entrechoca sus copas en Nochebuena, y amo más que a nada en el mundo. Y siento que me ama.

Y le agradezco que me haya dado la palabra que emociona, la palabra que disuelve en el aire la pena agonizante, la palabra que vuela, la palabra que cura, la palabra que inventa otras palabras para embellecer el universo...

El me dio las palabras y yo las he cuidado, las he ordenado, las he trasvasado de mi alma a mi corazón y de mi corazón a mi mente y de mi mente al papel, sin traicionarlas.

Le pido, cuando rezo, que no deje de dictarme lo que quiere que yo escriba.

Que me vuelva amnésica para la desesperación y los recuerdos penosos.

Que me saque el cansancio.

Que encuentre la receta de los scons de mi abuela, y un compañero amante para seguir andando.

Y que no se corte la electricidad a las tres de la madrugada mientras miro televisión.

Y que repitan "Amarcord", "Casablanca", "Muerte en Venecia", "Días de radio"...

Y tú, ¿qué pides cuando rezas?

De: Poldy Bird

Argentina

GRACIAS MARITA

domingo, diciembre 23

Espìritu de Navidad....

Estamos en vìsperas de otra navidad .-
Pondremos una larga mesa,
y el bullicio de los nietos
y las conversaciones de las hijas
seràn el fondo alegre y familiar de la jornada.

Ya es comùn responder
a preguntas de como eran antes nuestras fiestas
Y dibujo para nuestras hijas
ese pasado que te incluye jugando con ellas,
riendo, eligiendo sus regalos,
disfrutando de las cañitas voladoras,
cuando enfrente de nuestra puerta
se reunìan los hijos del barrio,
para acompañarte en aquella dulce locura de festejos.
Ponìas tanto amor en lo que hacìas,
que es difìcil recordarte sin una sonrisa.
Venìan tus hermanos y sobrinos,
armabas nuestro pequeño àrbol
y nos hundìamos en la voràgine de las compras,
los regalos, y cada fiesta era justamente eso...
una fiesta alegre, divertida.

Despuès...todo fue distinto.
La primera navidad que faltaste,
armè nuestro àrbol y comprè los regalos.
Estaba sola, sentada al costado de la mesa.
Afuera, habìa silencio.
Recuerdo que los hijos del barrio no salieron a las veredas,
Y luego de medianoche,
cuando ya deseabamos acostarnos y olvidarnos
y esperar otro dìa diferente,
sentì un golpe tìmido en la puerta.

......Eran todos nuestros vecinos.
Con abrazos apretados, sin palabras,
con obsequios para nuestras hijas,
vinieron a compartir el verdadero espìritu de Navidad
en nuestro mundo lastimado.

Esa primera caricia de amor fraterno me acompañò siempre.
Y vuelve a hacerse carne cada vez que aquellos niños
hoy ya hombres, que sigo encontrando,
me confiesan lo mucho que te extrañaron
en su niñez de risas y festejos.

Hoy seguimos sembrando tu cosecha.

Observaremos los juegos de artificio,
que brillaràn multicolores en el cielo.
Jugaràn los nietos con las estrellitas y sus regalos,
como antes lo hicieron nuestras niñas.

Y en algunos instantes, yo pensarè en vos.
Y sonreirá mi corazòn al recordarte.






DIAS ESPECIALES

Nuestra vida se caracteriza por un cùmulo de dìas especiales, donde se agudiza el sentimiento de pèrdida,
Esos "dìas festivos", dia de la madre, el padre, de los novios, aniversarios, cumpleaños, el dìa de la semana en que falleciò. El mes. Los dìas anteriores. Los posteriores.
Y muy especialmente la Navidad. Nuestras tradiciones, y aùn la comida especial de ese dìa son un recuerdo constante de nuestra pèrdida.
Son èpocas del años en donde los sentimientos de pèrdida se ven siempre magnificados.
Algunas veces no somos concientes de ello y de como nos afectan. Ante los dìas especiales no es extraño que se anticipe el malestar unos dìas antes y se siente uno mal antes de que ellos sucedan, durante y unos dìas despuès.
Estamos màs irritables, deprimidos y ansiosos y los niveles de energìa disminuyen.

Si las tradiciones de las fiestas nos producen un dolor intolerable, tenemos el poder de modificar y confeccionar las propias fiestas de forma que se vean cumplidas nuestras expectativas actuales.
Tomar lo que nos guste y dejar lo que no. Al hacerlo así, se sentirá menos abrumado y estresado, menos deprimido y más capaz de tener unas fiestas tranquilas.
Cada uno de nosotros debe encontrar su propia zona de confort, zona que puede ser radicalmente diferente de año en año.
Nuestra preocupación somos nosotros mismos y nuestra familia inmediata. Se trata de encontrar conjuntamente la mejor forma de pasar las fiestas con el menor dolor posible.
Sin duda apreciamos al resto de la familia, a nuestros amigos y compañeros de trabajo, pero no necesitamos hacer nuestros planes alrededor de sus necesidades sino de las nuestras: esperamos que ellos entiendan esto.
Las antiguas costumbres se han terminado y nunca se repetirán de la misma manera. La risa, antes tan fácil, fluida y natural, puede llegar a ser solo una mueca o perderse totalmente; dar regalos, alguna vez tan divertido, puede parecer vacío y triste, carente de sentido; las canciones familiares, a veces tan reconfortantes, pueden atragantarse y acompañarse de lágrimas y un intenso anhelo. En verdad, hay algo de dolor que cuelga de la alegría que otros sienten: es difícil estar sin la persona amada y tener que ajustarse a esa nueva tradición por obligación y sin quererlo. Todo esto suele acompañarse de una gran cantidad de angustiantes preguntas: ¿Qué es lo que me está pasando? ¿Si seré capaz de aguantar esto?
En la primera celebración de uno de estos días sin el ser querido nos duele todo con cada pensamiento de celebración: duele el cuerpo, el alma, el espíritu, el pasado, el presente, el futuro, etc.; en verdad, suele ser muy difícil encontrar una forma de celebración reconfortante. Aunque se hayan ensayado todo tipo de cosas que se supone sirven para enfrentarse a la perspectiva de un día especial sin el ser querido, nada parece servir ni adaptarse a nuestra nueva circunstancia.
Todo lo que se quiere es "pasar de una vez" toda esa época que ahora es diferente y molesta y "despertar varios días después".
No encontramos paz y tranquilidad en ningún tipo de celebración; se llora con cada adorno que se pone en el árbol de navidad, con cada pastel cocinado, con cada vela encendida, con cada rosa recibida.
Se siente rabia contra el destino o contra dios por permitir que una vida tan feliz y tranquila tomara ese rumbo; hay pesadumbre y deseos de que todo el mundo sienta el dolor que nos embarga.
Estos días, días de reunión familiar, son días donde realmente caemos en cuenta del vacío existente: el ver continuamente el regalo perfecto para nuestro familiar ausente repentina y repetidamente nos recuerda que ellos ya no estarán más.

Aunque cada experiencia de pérdida es diferente (nivel de apego, impacto de la pérdida en la realidad personal, en el sentido de la vida, etc.), las fiestas provocan en nosotros dos tipos de sentimientos encontrados: por un lado, son un tiempo del año en que cada uno espera que todos los miembros de la familia estén juntos; por el otro, con su celebración llega a ser claramente doloroso que alguien falta.
Somos conscientes de que enfrentar las fiestas es una parte necesaria para la curación del dolor, por ello puede ser frustrante el pretender que todo siga siendo como antes era: que duda cabe que mucho o todo será diferente: "... ya las luces de navidad no brillarán como lo hacían antes".
Sabemos que no podemos escapar del dolor ni esconder la verdad de lo inevitable de los cambios que se avecinan; todo lo que podemos hacer es ajustar nuestra actitud y cambiar nuestro estado mental.
Y esto no es lo más fácil.


COSAS PARA HACER LOS DÍAS ESPECIALES

1. Celebre la navidad en noviembre, por ejemplo, y pase el mes de diciembre tranquilo.

2. No comunique su cumpleaños.

3. En fechas especiales (fecha del diagnóstico, de la cirugía, del accidente, etc.) quédese solo o con alguien que no conozca nada de usted.

4. Retire adornos alusivos a fiestas.

5. Prepare una comida especial, no usual.

6. Invite a la familia del fallecido.

7. Envíe postales y tarjetas aunque no espere ninguna respuesta.

8. Cante villancicos.

9. Adorne diferente su casa o vaya a otra casa esta vez.

10. Vaya a la iglesia/templo/sinagoga con alguien y no solo.

11. Permanezca activo y haga deporte de grupo.

12. Encuentre a alguien con quien pasar las fiestas.

13. Haga algo por usted mismo.